Este verano se puso en contacto con nosotros Rosa, preguntando si podíamos enviarle pulseras para entregar como obsequio a las invitadas de su boda: dicho y hecho. Preparamos 110 pulseras por encargo. El motivo de elegir este regalo es muy especial. Aquí tenéis su historia…y las fotos de su boda.


Por aquel entonces era estudiante de psicopedagogía y había elegido como centro de prácticas el Equipo de Atención Temprana, de Badajoz. Su director, también mi tutor de prácticas, era a su vez el psicólogo encargado de oncología pediátrica. Nos propuso (ya que éramos tres las personas haciendo las prácticas allí) realizar un proyecto de intervención con niños oncológicos del Hospital Materno Infantil. Dicho y hecho. Durante meses estuvimos diseñando un proyecto, que posteriormente llevaríamos a cabo. Los comienzos no fueron muy duros. Tanto las familias como el personal sanitario eran muy agradables, y los niños un encanto. Lo duro vino después

La conocí cuando aún tenía su pelo sujeto en una coleta. Le acababan de detectar un neuroblastoma en estadío 4 después de 6 meses de pruebas médicas. La cosa no pintaba nada bien y sólo tenía 2 años. Su nombre era Emilia. Puedo recordar perfectamente el momento en el que me “enamoré” de ella. No fue amor a primera vista, pero si a segunda: Estábamos haciendo un puzle en su habitación cuando entraron para hacerle una prueba. Ella comenzó a llorar como consecuencia de los dolores que dicha prueba le provocaba. Al final, decidieron dejarla tranquila, pero para entonces yo ya estaba asustada. Ella tuvo que darse cuenta, porque cuando abandonaron la habitación, se secó sus propias lágrimas, me tocó la cara con su manita y me dijo “Rosa, no pasa nada. Vamos a jugar”.

Desde entonces, mi historia está unida a la suya. Ella me enseñó que nunca hay que rendirse por muy mal que nos pinten el futuro, que hay que valorar a las personas que permanecen a tu lado cuando más las necesitas, que hay que aprovechar el presente porque no sabremos cómo será nuestro futuro, que los problemas son relativos, hay que darle importancia a lo que realmente la tiene, y no sufrir por tonterías. Ella, que era toda fortaleza, nos la contagiaba a los demás. La vida era más fácil a su lado. Los problemas desaparecían en el momento que pisaba su habitación. Las tardes en las que pintábamos, jugábamos con el ordenador, bailábamos o simplemente hablábamos, pasaban más deprisa. Los días en los que me gastaba bromas delante de mucha gente, me llamaba por teléfono o se empeñaba en llamar Alfonso al que ahora es mi marido, a pesar de llamarse Luis, eran de total felicidad. Yo no la ayudaba a ella, era ella la que me ayudaba a mí. Ella era mi amiga, una parte fundamental de mi vida, alguien a quien sigo necesitando cada día.

A pesar de todo lo que ella, su médico y padres lucharon, su enfermedad ganó la batalla, dejando en nuestras vidas un enorme vacío. Pero yo voy a continuar luchando contra la enfermedad, en su honor, en el de sus padres y en el de tod@s los niñ@s que están en su misma situación. La perdí a ella, pero encontramos (Luis y yo) una nueva familia, la suya. Ahora, todos somos uno y seguiremos en nuestra lucha contra esta enfermedad.

Esto va por tí, Emilia. Te quiero.


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